Llega el día, es 23 de abril, y en nuestras mentes ya predeterminamos las acciones de ese día. Como cada año, St.Jordi es un día planeado para comprar, regalar y recibir rosas y libros. A pesar de todo la incertidumbre y la sorpresa están presentes. Puedes saber cuál es tu papel, pero no el de los demás. ¿Quién sabe qué libro te van a regalar? ¿Y quién puede que esté esperando hasta ese día para regalarte una flor? Sí, se sale a la calle sabiendo que es un día fijado por la cultura catalana para celebrar St. Jordi, pero nadie sabe lo que se va a encontrar. Esto es lo que pasó ayer, sábado 23 de abril de 2005, a cada persona que quiso celebrar St. Jordi en compañía de toda Barcelona concentrada prácticamente en el centro de la ciudad.
Para empezar un escenario modernista
El ambiente de St.Jordi aparece cuando menos lo esperas. En la víspera del sábado, me encontré a las ocho de la tarde en el bar El Paraigua, detrás de la Plaça St. Jaume. Al entrar, el local estaba en penumbra y si Rubén Darío hubiese estado en una tertulia allí mismo, hubiese pasado desapercibido. Una barrera impedía bajar a la parte inferior del local. El dueño, un hombre entrado en años con el pelo largo y gris, vestido con un elegante atuendo de camarero clásico, con tono confidencial, me comentó que le había prestado la parte inferior de su local a su amiga María y sus compañeros de un foro en Internet sobre poesía para presentar entre amigos un libro de Rubén Grajeda, antes de hacerlo el día de St. Jordi de modo oficial. Al bajar por las escaleras encima de un escenario improvisado, una mujer de color, muy alta, que vestía un vestido largo y negro, estaba cantando Paraules damor en aquel instante. Unas quince personas la observaban en silencio sentadas alrededor suyo. Así pues, antes de que empezara oficialmente el día, la fiesta ya había empezado y llegaba sin preguntar.
El concierto de las rosas y los libros
El sábado empezó con algún rayo de sol. A las once de la mañana en el centro se podía nadar en la marea de gente. Era prácticamente imposible mirar los libros expuestos en las estanterías improvisadas en medio de la calle, ya que dos filas de cabezas intentaban lo mismo más adelante.
Después de comprar por fin algún libro, y recibir alguna rosa, estaba Empar Moliner firmando libros de una a dos en medio del Paseo de Gracia. Estaba allí sentada, con una camisa semitransparente floreada, muy sonriente, firmando libros sin parar encima de una mesita en una esquina de la carpa. Respecto a los escritores que se niegan a firmar libros, ya que creen que su trabajo queda menospreciado al firmar al lado de personajes famososque tienen más éxito que ellos, Empar Moliner declaró mientras dibujaba una caricatura como firma: Creo que es un día para la industria, y que si tú no quieres firmar libros, pues quédate en casa, pero no hace falta que hagas una rueda de prensa.
El ambiente de tanto gentío recordaba a un concierto. Todo ocurría en directo, la gente estaba por todas partes; los artistas se veían en vivo. Al verlos tan de cerca y en un ambiente de fiesta, la gente se sentía muy cerca de ellos. Después de la firma de un libro la sonrisa era irremediable.
Uno de los autores con más éxito por las colas que generaba fue Jorge Bucay, autor argentino de Déjame que te cuente
y Cuenta conmigo, entre otros. Desde una perspectiva de una persona extranjera, Bucay, de pelo blanco y con gafas, firmaba de pie mostrando su figura bonachona y su sonrisa amigable. Yo me enteré aquí que este era el día de mi santo, y que el día de mi santo sea el día del libro en Barcelona y en España, fue realmente interesante., comentó. Luego añadió: Pero St. Jordi es como la fiesta de los libros, y siempre he dicho que los libros son mis amigos, mis mejores amigos en el mundo. Entonces yo estoy de festejo hoy..
Ya por la tarde el sol se había dejado caer por el oeste. En la cara de la gente se notaba cansancio acumulado. Pequeñas hileras se empezaban a convertir en afluentes del gran río de gente dirigiéndose a los transportes públicos.
Yolanda y Óscar, dos vendedores exhaustos de todo el día comentaron que habían estado muy agobiados. Desde las nueve de la mañana la gente ya bajaba por el Portal del Ángel, ha sido increíble, comentaba Yolanda, principiante como vendedora. Durante todo el día se habían encontrado con todo tipo de gente, comentaban divertidos alguna anécdota: ¿Tienes un libro
espera es que no se el autor
.pero se llamaba el título
.no se qué princesa
.
Para acabar el día el escenario quedó con montones de rosas que no habían sido vendidas; montañas de libros colocados escalonadamente en estanterías improvisadas en medio de la calle. Trabajadores con cara de cansados y ganas de terminar. Consumidores que marchaban hacia sus casas a descansar, a colocar las rosas en un jarrón y a empezar a leer el libro que les había caído en las manos. Sólo quedaba recoger todo lo que se había montado un sábado 23 de abril de 2005, para que el domingo 24 pudiera amanecer una Barcelona de cada día, con la impresión de que no había pasado nada, a pesar de que todos estemos hoy algo más culturizados y a la vez másenrrosados.